Desde
hace tiempo se plantea el dilema de la especialización temprano buscando un éxito
temprano en el rugby. En las siguientes líneas compartimos evidencia científica
para padres y entrenadores. La dominancia temprana en el deporte formativo
suele generar una percepción sobredimensionada del talento y del potencial
futuro. Sin embargo, la evidencia científica (sobre todo estudios anglosajones)
muestra que el rendimiento destacado en edades M11–M13 posee una baja capacidad
predictiva respecto al éxito en etapas senior o profesionales (Barreiros et
al., 2014; Güllich, 2014; Vaeyens et al., 2008).
Diversos estudios longitudinales indican que entre un 60% y 75% de los jugadores seleccionados en programas representativos juveniles no progresan hacia niveles senior o de élite (Barreiros et al., 2014; Güllich, 2014). A pesar de ello, las selecciones tempranas continúan recibiendo una carga simbólica y emocional desproporcionada dentro de clubes y familias.
En paralelo, la literatura reporta que aproximadamente el 70% de los niños y adolescentes abandonan el deporte organizado antes de los 15 años, siendo la presión competitiva, el burnout y la especialización prematura factores determinantes (Crane & Temple, 2015; Fraser-Thomas et al., 2008).
Maduración
biológica y ventajas transitorias
Entre los 11 y 13 años, una parte considerable de los denominados “jugadores destacados” son simplemente maduradores tempranos. La investigación en crecimiento y desarrollo muestra que los jugadores con maduración biológica adelantada pueden presentar ventajas del 20–30% en fuerza, velocidad y tamaño corporal respecto a sus pares tardíos (Malina et al., 2004; Cumming et al., 2017).
Estas diferencias físicas tienden a reducirse entre los 16 y 18 años, cuando la mayoría de los jóvenes alcanzan la maduración plena. Estudios en contextos como el rugby y el fútbol evidencian que muchos jugadores seleccionados tempranamente pierden ventaja competitiva una vez que se equilibran las diferencias madurativas (Till et al., 2010; Güllich, 2014).
Además, el denominado Efecto de la Edad Relativa (Relative Age Effect) demuestra que los jugadores nacidos en los primeros meses del año competitivo tienen mayores probabilidades de ser seleccionados en etapas formativas, lo cual refuerza sesgos estructurales en la identificación del talento (Cobley et al., 2009).
¿Entonces,
cuándo emerge el verdadero talento?
La literatura sugiere que el potencial real comienza a manifestarse con mayor claridad entre los 15 y 17 años, cuando:
- El tamaño corporal deja de ser diferencial decisivo
- La eficiencia técnica adquiere mayor peso
- La toma de decisiones se vuelve determinante
- La adaptabilidad y los recursos psicológicos separan trayectorias
Investigaciones comparativas incluso entre medallistas internacionales y no medallistas muestran que los deportistas que alcanzan niveles superiores suelen haber tenido trayectorias menos lineales y menor especialización temprana (Güllich, 2017). Asimismo, existe evidencia de una reversión del efecto de edad relativa en etapas adultas, donde maduradores tardíos alcanzan niveles profesionales en proporción significativa (McCarthy et al., 2016).
¿Qué
podemos priorizar en etapas formativas M13?
Antes de los 13 años, la evidencia converge en que el foco debe situarse en:
- Desarrollo amplio de habilidades
- Diversificación deportiva
- Disfrute y motivación intrínseca
- Construcción de hábitos de aprendizaje
- Desarrollo físico integral y progresivo
El Modelo
de Desarrollo de la Participación Deportiva (Côté & Vierimaa, 2014) y el
consenso del Comité Olímpico Internacional sobre desarrollo atlético juvenil
(Bergeron et al., 2015) enfatizan que la especialización temprana no es un
requisito para el éxito futuro y puede incrementar el riesgo de abandono y
lesiones.
A modo de cierre, no podemos de abordar la responsabilidad compartida. La evidencia científica es consistente: el éxito temprano puede resultar engañoso. El desarrollo a largo plazo constituye un proceso dinámico, no lineal y multicausal. Padres, entrenadores e instituciones deportivas tienen la responsabilidad de priorizar el proceso por sobre la etiqueta temprana, protegiendo la trayectoria formativa por encima de resultados inmediatos.
Juan Casajús
Instagram @JuanCasajus
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Referencias
Barreiros, A., Côté, J., & Fonseca, A. (2014). From early to adult sport success: Analysing athletes’ progression in national squads. European Journal of Sport Science, 14(sup1), S178–S182. https://doi.org/10.1080/17461391.2012.671368
Bergeron, M. F., et al. (2015).
International Olympic Committee consensus statement on youth athletic
development. British Journal of Sports Medicine, 49(13), 843–851.
https://doi.org/10.1136/bjsports-2015-094962
Cobley, S., Baker, J., Wattie,
N., & McKenna, J. (2009). Annual age-grouping and athlete development: A
meta-analytical review of relative age effects in sport. Sports Medicine,
39(3), 235–256.
Côté, J., & Vierimaa, M.
(2014). The developmental model of sport participation. En A. Papaioannou &
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Crane, J., & Temple, V.
(2015). A systematic review of dropout from organized sport among children and
youth. European Physical Education Review, 21(1), 114–131.
Cumming, S. P., Lloyd, R. S.,
Oliver, J. L., Eisenmann, J. C., & Malina, R. M. (2017). Biological
maturation and talent identification in youth sport. Journal of Sports
Sciences, 35(12), 1194–1203.
Fraser-Thomas, J., Côté, J.,
& Deakin, J. (2008). Examining adolescent sport dropout and prolonged
engagement. Psychology of Sport and Exercise, 9(5), 645–662.
Güllich, A. (2014). Selection,
de-selection and progression in German football talent promotion. European
Journal of Sport Science, 14(6), 530–537.
Güllich, A. (2017). International
medallists’ and non-medallists’ developmental sport activities. Frontiers in
Psychology, 8, 622.
Malina, R. M., Bouchard, C.,
& Bar-Or, O. (2004). Growth, maturation, and physical activity (2nd ed.).
Human Kinetics.
McCarthy, N., Collins, D., &
Court, D. (2016). Start hard, finish better: Further evidence for the reversal
of the relative age effect advantage. Journal of Sports Sciences, 34(15),
1461–1465.
Till, K., Cobley, S., O’Hara, J.,
Chapman, C., & Cooke, C. (2010). Longitudinal development of anthropometric
and performance characteristics in academy rugby league players. Journal of
Strength and Conditioning Research, 24(9), 2433–2440.
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