De la necedad de la sociedad de consumo a la inversión afectiva: Crisis del rol parental, pantallas y la mercantilización del deporte infantil
Autor: Oscar Campetelli / IG @oscar_campetelli
Introducción y Diagnóstico
El rugby formativo se encuentra hoy ante un desafío de carácter socio-cultural que excede lo estrictamente táctico, físico o reglamentario. Asistimos a una época compleja en las dinámicas familiares. Desde la perspectiva del psicoanálisis infantil, en la línea de Joseph Knobel Freud (2012), se observa una preocupante mutación en el lazo familiar: un escenario contemporáneo donde los niños sustituyen el juego libre por el consumo digital, mientras los adultos desvían la presencia y el cuidado activo hacia sus propias pantallas.
Este fenómeno impacta de lleno en el corazón de nuestras instituciones deportivas. Como bien advierte el Lic. Bruno Quilici (2025) en su exposición 'La gestión deportiva en organizaciones de rugby' durante el 6° Simposio G.E.S.R.A., el club tradicional —históricamente concebido como una comunidad de pertenencia, identidad colectiva y hasta de ocio familiar— ha mutado en muchos casos hacia una preocupante dinámica de "prestador de servicios". Esta lógica de mercado transforma la relación de las familias con el club, mercantilizando el proceso y posicionando a los padres en el rol de clientes exigentes que evalúan la actividad bajo una fría relación de costo-beneficio a corto plazo sin derecho a la paciencia o insistencia.
El Club como Territorio de Rescate
Frente a este panorama de aislamiento digital y consumo, y recuperando la urgencia que plantea el psicopedagogo Francesco Tonucci (2015) sobre la necesidad imperiosa de devolverle al niño el espacio “donde embarrarse y rasparse las rodillas y hasta trepar un árbol”, sostenemos que el club de rugby se constituye hoy como el último refugio analógico. Es el territorio donde el chico recupera el contacto con una pelota, en éste caso ovalada, la confrontación física leal, las reglas comunitarias, la tolerancia a la frustración y la socialización real con sus pares, en un ámbito que no se considera “obligatorio” tal el caso escolar.
Sin embargo, la práctica diaria nos demuestra que la estructura del club por sí sola resulta insuficiente. El éxito del proyecto formativo y la prevención del abandono temprano dependen indispensablemente de transformar la posición de los padres en este engranaje.
Hacia un Mea Culpa Colectivo: El Sacrificio Altruista
Es de necios esperar que, en la sociedad de consumo actual, las familias resignen de forma espontánea las 10 o 12 horas semanales que requiere, como mínimo, la práctica del rugby infantil en pos de un ideal filantrópico. Abstraerse para mirar la problemática con honestidad implica hacer un profundo mea culpa institucional y comprender la realidad del adulto contemporáneo: jornadas laborales de 12 horas, fatiga estructural y un desgaste económico asfixiante. Bajo esa realidad, es comprensible que la perspectiva de pasar una mañana de sábado a la intemperie se viva, inicialmente, como una carga o un esfuerzo mayúsculo.
Es precisamente allí donde el acompañamiento deportivo debe transformarse en un acto de altruismo familiar. Los padres debemos asumir un sacrificio extra y consciente, rompiendo con la calculadora comercial de la época. No podemos seguir evaluando la infancia bajo una balanza que solo pesa los factores negativos: el frío, el calor, el riesgo de lesiones, las frustraciones del juego o los berrinches del niño cuando las cosas no salen de inmediato.
Frases y comentarios como -¿ Todo ésto le dan por la cuota?, o algunas dolorosas - ¿Fijate si vas a entrenar porque tengo mil cosas mejores que hacer que estar acá? sumado a el deseo, o por lo menos en la intensión, que los chicos pasen menos frente a pantallas, y entonces, el club, se convierte en una actividad más como inglés, danza, cerámica o ajedrez, sin menospreciar éstas, el club , o la vida de club, nos lleva a otro lado, claro si uno está dispuesto.
El acompañamiento en el club no persigue un estipendio económico ni la quimera de un retorno financiero a futuro. El verdadero beneficio radica en la convicción ética de estar haciendo lo correcto. Ningún padre se posiciona fuera del aula escolar a supervisar una clase de matemáticas, porque allí opera una delegación burocrática del aprendizaje. El club de rugby exige algo superador: exige ser testigos activos del desarrollo integral de nuestros hijos, ofreciéndoles un espacio sano, a su tiempo, libre de la sobreestimulación digital y sostenido por el amparo incondicional de la mirada adulta. Asumir la mejora a futuro es entender que el sábado a la mañana no se asiste a fiscalizar un servicio, sino a ejercer el simple acto de acompañar a un niño a crecer.
Referencias
Knobel Freud, J. (2012). El reto de ser padres: Guía práctica para abordar los problemas cotidianos en la crianza. Ediciones B.
Quilici, B. (2025). La gestión deportiva en organizaciones de rugby [Exposición] 6° Simposio del Grupo de Estudios sobre el Rugby en América.
Tonucci, F. (2015). La ciudad de los niños: Un modo nuevo de pensar la ciudad. Editorial Losada.





